La medicalización del parto, ha provocado en el mundo la incidencia progresiva de la tasa de cesáreas no necesarias. Las intervenciones sin cuestionamientos, han llevado a asumir una postura pasiva, desinformada, y disociada del cuerpo en la etapa perinatal de una mujer gestante. En Chile la tasa de cesáreas, el 2017 fue de 53% ubicándonos como la segunda nación de la OCDE con más partos por cesárea. Aún cuando lo recomendado por la OMS es que la tasa de cesáreas ideal de un país es entre un 15% y un 20%.
Al normalizar las intervenciones médicas prácticas y técnico-clínicas en los procesos de embarazo y parto (el uso de técnicas de inducción, la cesárea, la episiotomía y la administración de oxitocina), las mujeres en etapa perinatal han perdido conexión con el poder de su fisiología femenina. Es claro que confiar en la propia fisiología, provee empoderamiento, en las propiocepciones del embarazo, físicas y psíquicas, aumenta la sensación de control mental y autoeficacia, aumenta la flexibilidad psicológica ante cualquier evento adverso que pudiese surgir, pudiendo lidiar con tolerancia y sabiduría el nacimiento.
Al reconocerse sujeto de derecho en material sexual y reproductiva, la mujer se siente digna, autónoma, vista. Existe una sensación de horizontalidad, y complicidad con el equipo médico o de apoyo. En donde se forma una alianza que respeta los derechos de la madre, padre y los del bebé por nacer.
El impacto de esta alianza en una mujer que se siente con el derecho de vivir un parto respetado, es que siempre busca en sí misma la respuesta y que conforme se sienta con necesidad de orientación, busca ayuda, información, confronta, dialoga y es capaz de discernir entre una “sugerencia violenta” y una sugerencia constructiva. Confía en su estimación de los hechos y en su psicología.
Para un equipo profesional de salud mental neonatal y perinatal utilizar recursos dialógicos basados en el respeto y la humanización del parto, debiese ser una obligación y no una opción.
Los estudios evidencian una falta de formación y de habilidades técnicas para afrontar los aspectos emocionales del parto. Durante el trabajo de parto, las mujeres pueden experimentar sentimientos de miedo, ansiedad, inseguridad y soledad, en especial si no tienen a su lado una compañía de apoyo.. La formación del profesional de la salud tiene un papel estructurante en la actual asistencia al parto y en la resistencia al cambio. Una encuesta llevada a cabo en México entre profesionales de la obstetricia y la ginecología indica que el 64% manifestaban no tener información sobre la violencia obstétrica y expresaron la falta de herramientas para hacer frente a ella. (Olza Fernandez, I.2014).
Se estima que entre el 2 y el 6 % de las mujeres desarrollan un trastorno de estrés postraumático (TEPT) completo tras el parto y que el 35 % de las madres presenta algún grado de TEPT. (Olza Fernandez, I.2014)
Un equipo médico que busca promover un parto respetado se focaliza en aspectos tales como el deseo, la autonomía, la emocionalidad, busca favorecer la red de apoyos de la mujer y la búsqueda permanente de prácticas de cuidado de ella misma y de les otres como prácticas empoderadoras de la identidad de su cuerpo gestante.
Las mujeres que en esta sociedad consiguen vivir un parto respetado tienen menor incidencia de trastornos ansiosos depresivos perinatales, mayor posibilidad en obtener una lactancia segura, generar un vinculo seguro al hacer piel con piel de forma inmediata al nacimiento, y fluir con menos obstáculos en la transición a la maternidad.
El contacto piel con piel mejora y regula la sincronización de los ritmos cardiacos madre-bebé, la temperatura y la glucosa en sangre, y el sistema inmunitario del bebé. (Gómez, Vera, 2015). En la psiquis de una madre tener a su bebé a su lado o al menos en vista es una necesidad mamífera, de protección y seguridad hacia el recién nacido.
Los aspectos vinculados a la dimensión afectivo emocional de mujeres y hombres en el momento del parto, en donde la expectativa, el miedo heredado, el cansancio, pueden llegar a abrumar ocasionando mayor estrés y una lucha de poder entre el deseo de los padres por lo natural versus el poder de lo hegemónico de los equipos médicos. Por eso es urgente que los equipos médicos actualicen sus conocimientos en psicología perinatal y en autocuidado profesional.
Diversos autores sostienen que en el marco de la fragmentación que el sistema médico ejerce sobre la mujer, se escinde el cuerpo de la mente, las emociones y los saberes, y se producen procesos de reintegración, para analizar el dolor y sus experiencias y significados. Así, García (2009) refiere al proceso de fragmentación en el marco del pasaje de cuerpo-sujeto a cuerpo-objeto médico y entiende que el tránsito entre uno y otro es fundamentalmente negociado y no el producto del control unilateral ejercido por la medicina, pero en él el/la paciente negocia desde una posición de desigualdad, disrupción e incertidumbre, y ve condicionado los modos en que pueda realizarse la (re)integración y (re) significación del trauma.
Muchas mujeres al visibilizar la inseguridad de que sus planes de parto, sean respetados por los equipos médicos, deciden optar por el parto en casa o parto en domicilio (PPD).
De acuerdo a un estudio sobre parto en domicilio en Argentina realizado por Greco, Böschemeier, Abatizzitti, Osorio, Saraceno, en 2019, el 97,2 % de las mujeres entrevistadas consideró que la experiencia favoreció́ su autoconfianza y seguridad, mientras que del mismo universo el 96, 7 % considera que también alimentó su autonomía. El 98 % de las mujeres considera que el PPD benefició su intimidad y libertad, así́ como el 96, 2 % sustenta que esta vivencia fortaleció́ el vinculo con su hijo. Aquí́ cabe remarcar la consonancia entre la experiencia de PPD y las prácticas de promoción de la salud “de la madre y el niño” preconizadas por la OMS, donde se sugiere “capturar el momento” de la conexión entre ambos para facilitar prácticas de apego tales como la lactancia materna, colecho y otras (OMS, 2018).
Al ser el parto una experiencia nueva, es importante buscar información, clases, apoyo profesional que integre la dimensión afectiva, para construir la visión de maternidad que esperamos conseguir en nuestro puerperio y crianza, porque la forma de nacer sí importa.
Referencias
Allen, S. (1998). A qualitative analysis of the process, mediating variables and impact of traumatic childbirth. Journal of Reproductive and Infant Psychology, 16(2-3): 107-131.
Castrillo, B. (2019). Experiencias de mujeres-madres, varones-padres y profesionales de la salud de la plata (2013-2019).
Greco, L.R, Böschemeier Echazu, A.G., Abatizzitti, M., Osorio, V.,Saraceno, F.(2019) El Parto Planificado en Domicilio (PPD) como práctica de ciudadanía. (263,264).
Olza, I.(2014) Estrés Postraumático secundario en profesionales de la atención al parto. Aproximación al concepto de violencia obstétrica. (79).
OMS. Capturar el momento. Inicio temprano de la lactancia materna: El mejor comienzo para cada recién nacido. New York: UNICEF, 2018.
Escrito por:
Rocío Campos Núñez